Esa delgada línea…

Se conocían desde chicos, desde la adolescencia para ser precisos. Se vieron mucho en ese tiempo, era hermano de su mejor amiga, fueron compañeros de aventuras y tonterías, fueron creciendo juntos pero se distanciaron, así es la vida. Entre estudios universitarios y relaciones amorosas, no coincidieron en tiempos libres, dejaron de frecuentarse.

Al cabo de unos años se reencontraron y poco a poco esa antigua amistad empezó de nuevo, otra vez las locuras y aventuras, más adultas, por supuestos, pero siempre juntos, siempre cómplices … ¡Como en los viejos tiempos!

Como era de esperarse, empezó a surgir algo, que la verdad siempre estuvo pero habían sabido evadir, para no arruinar la amistad, y tampoco la relación de hermanos, es que siempre han sido tan unidos…

Ese “algo” era físico y una vez que lo probaron, mmm fue fantástico… La primera vez ambos tuvieron sentimientos encontrados, entre satisfacción y culpa (como cuando se rompe la dieta con una porción de pastel de chocolate) y no hablaron más del tema por mucho tiempo…

Era inevitable volver a verse y todo empezó de nuevo… ese click, estaba allí, la chispa se encendía cada vez más.

Nadie tenía porque enterarse, hicieron un pacto esto era solamente físico, habían trazado una línea imaginaria, era una muralla inquebrantable que permitía que todo fuera perfecto, que hacía sus encuentros así, casuales, cada uno en su mundo, cada uno con su vida; sin apegos, sin ataduras, no necesitaban hablar al día siguiente, algo entre ellos, nada más que entre ellos.

Pero esa muralla tenía una rajadura, una hendidura muy chica, casi imperceptible que poco a poco se fue agrandando, pero solo de un lado; incomprensiblemente fue del lado de él, después de varias relaciones en las que había sido el “malo” de la película, pero ahora sentía que se estaba enamorando…. Pero… ¿y ella?

Para ella fue una sorpresa, no lo entendió al inicio, no supo que decir, no supo como reaccionar ante esa revelación, no lo esperaba.

Le pareció increíble escucharle decir que para él esto era más que físico, que había traspasado esa línea imaginaria.

Y mientras él, en la intimidad, le decía mi amor , le repetía te quiero , ella no daba crédito a sus palabras, al final de cuentas ambos tenían unos tragos extras.

Pero ¡oh! Momento! Los niños y los borrachos siempre dicen la verdad.

Y aún pensando en otro cuerpo, deseando que esas palabras vinieran de otros labios, ella consideró la idea, de pasar la página y aceptar a un hombre que nunca le había sido del todo indiferente, y en el fondo tal vez sí, sí lo quería, a lo mejor ambos siempre han sido el uno para el otro…

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Lorelaritos. Publicado desde WordPress para Android

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