¡Otra vez!

Corré.. corré… rápido qué nos alcanzan, qué nos alcanzan!!!

estas fueron las últimas palabras que escuchó…

Había estado huyendo, esta vez de unos perros, eran raza dóberman, ágiles, veloces y… entrenados… para atrapar y paralizar a la presa –  del miedo al menos.

Lo siguiente que recuerda son unos pequeños ojos negros, oscuros como una noche tormentosa, que lo observaban fijamente; unas orejas puntiagudas, afiladas como navajas; un hocico negro con manchas marrón, no podía identificar si eran las manchas características de esta raza o… ¿sangre?

Realmente era un magnífico ejemplar, digno de una competencia canina.

Lo tenía paralizado, sobre su pecho sentía el peso de sus patas, largas y musculosas, un animal que con sus 80 libras podía destrozarlo en un santiamén, lo tenía así, a sus pies, a su merced… más le valía ni moverse, el animal esperaba atento la orden de su amo para su próxima acción.

Después de varios segundos (que claro, las sintió como eternas horas), bajo esa penetrante mirada y uno que otro ladrido, que aceleraban el corazón de XXX y de pronto lo paralizaba, para acelerarlo nuevamente al siguiente ladrido,  llegó la orden de soltar a la presa  ¡RELEASE! …  sintió su pecho liberado; a la siguiente orden “SIT”,  y al momento el perro se sentó a su lado,  vigilante, atento a su amo, firme cual soldado.

Al tratar de incorporarse, un gruñido y el cañón de una escopeta lo devolvieron de golpe al suelo, el sol sobre su cara le cegaba un poco, solo lograba distinguir la silueta de una mujer y de Cayo, así se llamaba el dóberman.

“Te lo advierto por última vez, no vuelvas por acá! Mi paciencia tiene un límite y estas a milímetros de  rebalsarla “…. Mira lo que le pasa a los que me desafían.

XXX miró a su alrededor, al lado derecho un bello jardín, flores de todo tipo, hojas, plantas ornamentales, pequeños colibríes volando por doquier; “allí no, el otro lado” le dijo y con la misma escopeta volteo su cara  para el lado izquierdo donde el panorama cambiaba drásticamente, un basurero, la tierra extremadamente seca, pareciera otro mundo, algo así como una escena de MadMax; en medio de ese desierto unos montículos que le recordaron tumbas recién hechas…  con desesperación buscó a su amigo, no lo encontró, y no, ya no lo soportó más, le ganó el miedo, la angustia…rompió en llanto, y mientras sus lágrimas cubrían su rostro sintió que cubrían más que eso, sintió las lágrimas bajar por todo su cuerpo…un sudor frío lo bañaba… y escuchaba a lo lejos su nombre, su verdadero nombre:

Luis, despertá Luis, despertate… hasta que al fin despertó.

Al fin lúcido vio que era su madre la que le regañaba pues nuevamente había mojado la cama…

A los 8 años a veces pasa esto cuando te quedas hasta tarde viendo películas de acción y tomas gaseosas de más…

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