¡BASTA!

Le dijo que lo amaba, pero en su interior sabía que no era cierto, no deberíamos confundir el amor con el cariño, o la costumbre y comodidad de “estar” con alguien.   Le rogó que no la dejara, que sentía un gran vacío, pero era un vacío que dejó alguien más.  Que su cama se sentía grande y fría, si no estaba a su lado.   Le dijo que sin él no podía vivir, lo que no le dijo es que cuando se refería a “él”  no era precisamente ÉL… era alguien más.

Todo salió de sus labios de una forma tan mecánica, como aprendido, ensayado, pareciera que lo hubiese practicado ante el espejo muchas veces, pero al final no fue convincente…   de repente él sólo escuchaba “-bla, bla, bla, bla, bla-” y su cerebro lo decodificaba como “lo siento ya no te quiero, nunca te he querido, no te querré” era como si hubiese entrado en la mente de ella y descubriera lo que había en su corazón.  Ella seguía hablando y él seguía escuchando algo diferente.

Él no quería creerle, la vio fijamente a los ojos y lo notó,  en ese momento cayó en la cuenta de la verdad,  escuchó sus palabras una a una, su tono, la frecuencia de sus respiraciones eran constantes, todo indicaba que era un discurso aprendido, sus ojos no brillaban, y no lo miraban directamente, su pecho no palpitaba fuerte, sus manos eran frías y débiles.

Llegó un punto en que al fin emergió su conciencia y dijo no, más bien le gritó, le gritó tan fuerte que hasta él se asustó pero siguió adelante y le abrió la puerta.

– ¡BASTA! sí basta ya de mentiras no quiero llenar tus espacios vacíos porque alguien más te dejó, no quiero ser el sustituto de nadie, yo te amo pero puedo vivir sin ti… vete, no quiero verte más. Libérame, yo te libero… pero vete por favor. 

Esta última frase la dijo casi llorando, desencajado, desolado, sintió que se abría el suelo a sus pies, que su pecho… no podía más, quería estar solo, quería procesar la historia y descubrir los porqués…quería sanar.

Ella abrió los ojos con asombro, como asustada, esa confusión que en ciertos momentos no se sabe si aprisiona o libera y en las comisuras de sus labios esbozó una sonrisita, casi de alivio.  También en ese momento lo comprendió, no tenía que seguir fingiendo más, lo comprendió de golpe, y salió corriendo, sin voltear para no flaquear, con lágrimas que fluían como un río que cuando desemboca se funde en el mar y no vuelve a ser el mismo.

Cada uno rehízo su vida sentimental, se pensaría que ella con más facilidad que él, sin embargo no fue así, pues al liberarla  él mismo se estaba liberando de ese amor no correspondido, y dejó espacio más que suficiente en su corazón para que el amor entrara a su vida con más fuerza, con más pasión, con más felicidad que nunca.  Ella, ella también lo encontró, aunque después de varios intentos fallidos, encontró un amor tranquilo, sincero y se perdonó, sí se perdonó y se liberó a si misma de desamores pasados que no soltaba pero que al fin un día pudo soltar.

Pasaron varios años, tenían pocos amigos en común, más bien eran conocidos, a los que no frecuentaban, y un día cualquiera en el lugar menos esperado se vieron y solamente se sonrieron con amabilidad y un dejo de nostalgia cubrió el aire cuando pasaron uno al lado del otro, iban solos, pero ya no había motivo para parar y saludar… ambos tenían a donde llegar, ambos AMABAN.


Al final todo pasa, solo tenemos que liberar para ser felices, así sea un amor, una amistad, un trabajo, la vida…


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